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Crítica de «Aves de presa»: Superwoman de cuota

Si se trata de reescribir la Historia, las historias, integrando la presencia de la mujer, ¿es necesario reproducir los peores tics de las pelis de machirulos?


En esta misma temporada hemos visto un «Joker» en donde no salía Batman y ahora nos llega esta aventura de Harley Quinn en donde no sale su exnovio el de la sonrisa copiada de Conrad Veidt: el batiuniverso se está volviendo de lo más elíptico. Pero si hay algo de lo que no se puede acusar a esta película es de ser elíptica. O sutil. O silenciosa: está llena de ruido y de furia pero ya saben cómo sigue el verso de «Macbeth». Claro que nadie pretende que un tebeo signifique algo, como si fuera de Shakespeare: para eso se va uno a un teatro, no a ver una película de superhéroes del cansino Hollywood actual.

Pero como todo el mundo va a ver la película este fin de semana, y luego ya hasta el fin de los tiempos, conviene arañar lo que tiene de reseñable. Que se concreta básicamente en la presencia de Margot Robbie. Para lo bueno y lo menos bueno. Por un lado este pedazo de actriz vive en estado de gracia: no da un paso, o una nota, en falso ya sea haciendo de Sharon Stone para Tarantino, de una chica Fox News («Escándalo ») o, como aquí, de una psicótica de diseño.

La Arlequina constituye un comando armado feministoide, de la facción Solanas (Valerie, la del grupo SCUM: Sociedad Para Castrar Hombres), que se autodenominan pájaras de presa. Sus escenas de pelea son muy violentas, francamente. Si se trata de reescribir la Historia, las historias, integrando la presencia de la mujer, ¿es necesario reproducir los peores tics de las pelis de machirulos? No veo yo diferencias entre esta película escrita, dirigida, protagonizada y producida por mujeres (la propia Robbie) y el patriarcado audiovisual que denunciaron teóricas como Laura Mulvey al hablar de la cámara fálica. Eso sí, no hay ni un solo chiste o alusión sexual; y cuando se hace, es un villano que recibe enseguida una patada en los mismísimos. Debe estar ahí la diferencia… no será porque es un relato para adolescentes prepajilleros.

Lo malo de la hiperpresencia de Margot es que nos cuenta en off el «relato de origen» de su Arlequina de forma incesante y sin demasiada gracia. Y que no deja mucho sitio a las otras superchicas que pelean a su lado. Y que el villano es insulso y desganado, como solo Ewan McGregor sabe serlo.

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